16/2/10

Aprendiendo del camino

¡Qué de tiempo! Hace meses que no me paso por aquí y hay muchas cosas de las que hablar y que comentar. En lo personal la crisis ha hecho mella en mi familia, actualmente todos los miembros estamos en desempleo y buscando (misión bastante complicada) con atisbamiento de creación de una empresa propia si la cosa no mejora en fechas venideras.

En lo laboral ha habido pocos movimientos, pequeños trabajos no relacionados con la temática del blog y demasiadas entrevistas sin llamada final. Sólo voy a reseñar uno de mis últimos empleos como responsable de marketing de una empresa recien creada en nuestro país.

Para mantener a dicha empresa en el anonimáto no haré referencia a su nombre ni a lo que se dedicaba, sólo daré como dato que era una empresa creada por jovenes españoles con más ganas e ilusión que verdadera capacidad. Por cosas del azar acabé trabajando para esta empresa de la que tuve que salir tres meses después por problemas internos. De esos tres meses guardo buenos recuerdos y, sobre todo, la satisfacción de haber aprendido muchas cosas de las que en la facultad no se enseñan.

· Profesionalidad ante todo: crear una empresa no es moco de pavo, y menos una empresa de caracter nacional con aspiraciones a negocios internacionales. Está muy bien tener iniciativa y un buen fondo económico (creo que incluso más), pero la experiencia me ha demostrado que ante estas situaciones hay que seguir cierto grado de profesionalidad y de formación o educación empresarial/económica. No me malinterpreten, no estoy diciendo que sólo puedan crear una empresa los licenciados en administración de empresas, pero si que para hacerlo, y escapar de la historia medianamente bien, es necesario tener algunos conocimientos, aunque sean básicos. Crear y dirigir una empresa de cierta envergadura no es cosa fácil, hay que tener en cuenta muchos aspectos de tu entorno, tanto interno como externo, tanto a nivel micro como macro, y saber manejarte y dirigir el barco correctamente ante cada nueva ola que se avecina, porque una ola mal dirigida puede hacerte perder muchas cosas...

· El cliente, mi amigo y mi enemigo: está muy bien todo eso de el cliente siempre tiene la razón. Hay que escucharlo, entenderlo, analizarlo y tenerlo contento en la medida de lo posible, a fin de cuentas son ellos los que adquieren nuestros productos o servicios. Pero una cosa es que ocupe un sillón de nuestro consejo directivo y otra cosa es que lo presidan o lleguen a dirigir nuestra empresa. El cliente, desde el punto de vista directivo, es ciego, miope, no ve más allá de él y de su cartera, siempre va a querer arrastrarnos para su beneficio y nos pedirá la luna. Es necesario poner una barrera entre el cliente y la empresa. La empresa es la empresa, un ente conformado, y los clientes son personas individuales, no tienen porque conocer todo lo que pasa dentro de la empresa porque si no les estaremos otorgando un poder tan grande que cuando nos demos cuenta habrán invadido nuestros centros y habran ocupado nuestros despachos para decirnos lo que tenemos que hacer. No podemos contentar a todos y cada uno y atender complacientemente a cada queja, tiene que haber una separación entre el cliente y la empresa

· Mis trabajadores, el alma y reflejo de mi empresa: ¡Hemos creado una empresa! ¡Congratulémosnos! Está preciosa y esplendida, ahora sólo tenemos que llenarla de trabajadores para que hagan el trabajo. Como he dicho antes, ante todo hay que ser profesional y nuestros trabajadores tienen que serlo porque ellos son los que van a estar en contacto directo con nuestros clientes. Con que tengamos una piedra en el zapato ya nos resultará incomodo el camino. Las empresas recien creadas suelen tener detrás respaldo familiar y del entorno de amigos cercanos. Incluir a alguien de estos grupos dentro de la empresa, sólo por compromiso, puede ser uno de los mayores errores que se puedan cometer. Todos nuestros trabajadores tienen que ser profesionales, es mejor pasar el mal trago de decirle a un amigo que no puede entrar en la empresa o que tiene que quedarse fuera por no adecuarse al perfil que tener que lidiar con clientes descontentos por el trato recibido por dicho trabajador.

· Soy una empresa, soy un ente: Hay que dar imagen de unidad y empresa, de seriedad, aunque de cercanía, de profesionalidad, aunque de sencillez. Crear una empresa es crear una imagen y todos sabemos lo que pasa con las primeras impresiones. Una empresa puede tener mil caras: las que pongamos a los clientes y las que tengamos ante nuestros proveedores u otros entes que puedan afectarnos de caracter profesional. No hay que mezclarlas ni confundirlas, porque pueden hacernos mucho daño si las intercambiamos o si queremos dar una misma imagen para todos.

Y ¿esto es una lista de defectos de dicha empresa? Puede que si, pero también son los aspectos que encontré más interesantes y de los que aprendí más.

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